12 de diciembre de 2005

Azul, la tarde

A veces parece inevitable la soledad; es como cortarse las uñas de los pies, una vez que parece que has resuelto la situación y de verdad deseas que no tengas que ocuparte de ello por mucho tiempo... de pronto volteas y ya estan largas nuevamente. Tal vez no es la analogía mas romántica, pero la pereza que produce resolver nuevamente un problema que ya habías resuelto es de todos conocida.

Tal vez leí demasiadas veces el libro del lobo estepario; bien dicen que no conocer la historia te condena a repetirla... pero conocerla demasiado bien, no te deja más remedio que llegar a la conclusión que ya conoces. En cualquier grado, lo mas seguro es que después de 20 años de vivir solo, esta vida es la única a la que estoy acostumbrado.

Recuerdo las épocas donde el futuro no era nada mas que una promesa, con mucha viveza me pintaba la imagen de lo que sería mi vida en algunos años. No cabe duda que tener dos palmos de frente te expone... si claro, todos nos lo hemos preguntado, ¿Cómo madres me engañaron? ese sueño de la vida en rosa, al compás de las notas de Louis Armstrong, cada vez mas, parece que inexorablemente se escapa y no te queda mas que el presente. Vaya embuste.

La tarde azul no dice nada... y en su callado asalto la remembranza es inevitable... y me pregunto ¿Donde ha estado esa sonrisa que ocultabas detrás de tus rizos castaños?



.... yo digo que ambos somos ateos. Yo simplemente creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas por qué descartas a todos los otros posibles dioses, entenderás por qué yo descarto al tuyo.