Mi encuentro con Alfonso Martinez Serna
Mi buen amigo Julio me dijo que sería bueno que escribiera algo sobre mi. A Julio lo conozco desde hace mucho tiempo, desde la prepa… uy que días aquellos, la primera película de Terminator fue todo un acontecimiento, Duran-Duran era él grupo, el uso de pantalones Aca-Joe era indispensable y las niñas se vestían como Madonna en el video “like a virgin”. En esas épocas de muchas hormonas y poco juicio, me encontraba tan absorto en ser aceptado por los demás que no me daba cuenta que estaba poco a poco estaba dilapidando la mayor oportunidad que te puede presentar la vida: la oportunidad de aprender. Hoy en día saboreo con especial interés leer sobre los principios de la lógica difusa, sobre el genoma humano, sobre la invasión de Normandía, sobre Gaudi. La capacidad de adquisición de conocimiento es para mi de lo mejor que tiene la condición humana. Pero no siempre fui así, algunos saben que despues de mi primer año de preparatoria me mandaron a estudiar lejos de casa porque mi padre estaba harto de escuchar reportes de mis profesores por mis constantes borracheras. Apenas tenía 16 años y ya eran manifiestas las señales inequívocas de un adolescente con un futuro tan oscuro como incierto. La frase un buen muchacho que toma decisiones tontas me viene a la mente, aunque es un claro eufemismo.La idea de mi padre de alejarme de los amigos borrachos tenía más huecos que una coladera. Digo, ¿cómo diablos mandas a un adolescente emproblemado a otra ciudad? Digo ¿Si el muchacho no tiene la disciplina necesaria para salir adelante en su casa, como le das toda la libertad y lo mandas a otra ciudad? Insisto, muy cuestionable el razonamiento pero al final terminé en una ciudad muy lejos de casa, con mi precario sentido común cómo única brújula para navegar por la vida.
Al poco tiempo la historia se repetía con la variante de que ahora no había nadie que me detuviera. Recuerdo constantes ausencias a clases, poca dedicación al estudio, mucha dedicación a la diversión, materias reprobadas, bajas calificaciones, las peores borracheras me las puse en esa época. Mientras estaba en una de las escuelas mas caras del país me preocupaban muchas cosas, todas, menos aprender. Irremediablemente mi vida iba derecho al fracaso, de no haber sido por un necio director-profesor de preparatoria: Alfonso Martinez Serna. (¿Te acuerdas de él Julio?)
Yo ya lo conocía, pero jamás platicamos hasta una ocasión que me mandó llamar a su oficina, yo estaba algo asustado porque es un persona muy imponente, en esa primera plática me dijo muy molesto: “Aquí tengo los documentos para tu baja de la escuela, solo esperan mi firma y ya estas fuera”. Lo primero que hice fue pensar en explicaciones para mi padre, pero el profesor me planteó algo que no esperaba: me propuso darme una oportunidad si en verdad yo mostraba interés. La plática duro para mí una eternidad, recuerdo su exasperación tratando de explicarle al indolente que era yo, que tenía ante mí la oportunidad de estudiar en una excelente escuela y que estaba dejando ir esa oportunidad de la manera más estúpida. Me platicó de muchos jóvenes que él conocía que darían lo que fuera por tener la oportunidad que yo tenía y que no valoraba. La primera, fue una plática larga, pero lo que más me dejó perplejo fue la oferta de una oportunidad por parte de un completo extraño. Ay caray! ¿Una oportunidad para mí? ¿Porque? Si el profesor ni me conocía, ¿porque me ofrecía esto? Yo aun no entiendo porque lo hizo, pero me la ofreció y la tome.
Siendo justos con los hechos no fue inmediato mi abrazo hacia una más positiva vida. Al siguiente mes fui llamado a su oficina para ver mi desempeño, notó que tenia faltas en una clase de la tarde y me cuestionó duramente, le dije que vivía muy lejos de la escuela y llegar a tiempo era complicado para mi; obviamente era una excusa para mi pereza, pero el profesor me respeto como si fuera un adulto y me preguntó: ¿si resolvemos ese problema vas a asistir puntualmente? Respondí que si, digo no podía contestar otra cosa. Llamó por teléfono a otro profesor y le explicó mi caso, le pidió de favor que por las tardes pasará por mí, y así lo hizo hasta que acabó el semestre. Alfonso Martinez Serna me llamó cada mes a su oficina para revisar juntos mis calificaciones y asegurarse sí estaba cumpliendo mi parte de la promesa, con cada sesión enderezó un poco más al entuerto que yo era. Al siguiente semestre saqué mis primeros dieses, algunos profesores dudaban de mi, pero yo no, por primera vez sabía!
Lo recuerdo como si lo hubiera visto ayer. Un profesor con un duro temperamento, que cuando me preguntaba por mi desempeño escolar jamás acepto mis estúpidas excusas. Después de terminar la preparatoria lo dejé de ver, ingresé a Economía en el ITESM..... la mayoría de mis profesores veían en mi una promesa, no el mas brillante de los alumnos pero si alguien con mucho empeño. Tenía ya cinco semestres cursados, cuando mi padre dejo de enviar dinero y sin mayor explicación se escondió por varios años. Las deudas de colegiatura al final del semestre eran enormes. Me mudé a Tijuana con mi familia, trabajé durante dos años para reunir el dinero que le adeudaba al ITESM y obtener mis certificados. Gracias a las enseñanzas de mi profesor de prepa me empeñé en terminar mis estudios universitarios; esta tarea me tomó cinco años más en la UABC, trabajé en lo que pude y estudié con ahínco, pero al final lo logré y con muy buen promedio. Fui el único de mi generación que no invitó a sus padres a la graduación, en esa ocasión asistí solo a la ceremonia, sí, fui solo, porque el que debería de haber estado ahí conmigo era Alfonso Martínez Serna.
Gracias profe donde quiera que esté!
